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EL SR. EUDES, UN CLINTON EN LA ISABELICA

No puedo negar que aquel 30 de Julio del 2001, me sorprendiera y hasta conmoviera ver la noticia en CNN, en la cual resaltaba al ex presidente Bill Clinton abriendo sus oficinas en la Calle 125 del Peligroso barrio de Harlem, Nueva York. El por muchos llamado Primer Presidente Afroamericano de la unión Norteamericana, daba un paso importante al ubicar las oficinas de su Fundación en la Populosa Barriada.

"Ahora siento que estoy en casa," dijo Clinton mientras la multitud aplaudía. La celebración comenzaba aquel lunes por la mañana, a pocas cuadras de su nueva oficina. Curiosamente no lo acompañaban su esposa, la Senadora demócrata por el Estado de Nueva York Hillary Rodham Clinton ni su hija Chelsea por una enfermedad familiar.

Es importante destacar que hacía poco tiempo el Ayuntamiento de Nueva York le dio un repaso a fachadas y lugares públicos, con el fin de revitalizar la zona, fue entonces cuando apareció Bill Clinton. Su llegada coincidió con el fenómeno denominado en inglés  'gentrification', o éxodo de gente económicamente solvente a lugares donde es más barato alquilar o adquirir una propiedad.

Durante este proceso, otras entidades siguieron los pasos del ex mandatario. Cada vez se veían más sucursales de bancos en las calles de Harlem y muchos huían de los precios prohibitivos del Manhattan Sur, para establecerse más allá de la calle 110.

Bendición para algunos, maldición para otros, la cuna de los grandes de la música Afroamericana como Ella Fitzgerald, Louis Amstrong, Nat King Cole, Billie Holliday, así como de los líderes de la lucha por los derechos civiles afroamericanos,  Marthin Luther King y Malcom X, había cambiado para siempre.

Claro está, esta situación no me resultaba extraña en lo absoluto, ya que antes que Bill realizará su aventura en Harlem yo tenía el privilegio de conocer a un hombre con menos cargo y más corazón El Sr. Eudes

Corrían los 90 y yo andaba enamorao, como decía mi abuela. Y entre el entusiasmo y como soy muchacho de bien, quise dar el paso siguiente, conocer a la familia de mi amiga. A eso vino una retahíla de excusas pasaba el tiempo y ni cerca.

En fin llegó el día, debo reconocer que no conocía la populosa Urbanización La Isabelica en Valencia, Estado Carabobo. En una conversación con amigos, no faltaba la advertencia de es Zona Roja.

Debo reconocer que como medio sifrinito que soy, me preocupaba Un poco bastante mi seguridad, la edad nos hace precavidos, pero para alguien que también fue enamorao al Barrio Pinto Salinas en Caracas (para los que no lo conocen eso pasa de rojo a sangre), era un deber impostergable presentarme ante la familia de mi querida amiga (por ahora).

Los comentarios de los amigos quedaron cortos un aroma a orina entremezclado con vapores de cigarrillo, cerveza y marihuana se dejaba deslizar por las sucias escaleras algo empegostadas que me llevaban a los pisos superiores, las miradas sospechosas de oscuros individuos ante la presencia del tipo nuevo y encorbatado, eran un aviso de que yo estaba totalmente fuera de lugar. Una estridente música que parecía emerger de diferentes apartamentos, daban un mayor efecto al caos reinante, situación que se repetía en los bloques adyacentes.

Un hogar cálido, humilde y en claro contraste con su alrededor me dio la bienvenida, esa sería mi primera impresión, la cual se mantendría por mucho tiempo, aunque la costumbre haga que los ojos y el pensamiento, lleguen a ser más benevolentes.

Buena gente y otros no tan buenos se mezclaban y sobrevivían en el bloque, en parcelas de pasillos y enrejados defensivos, en los que algunos trataban de encontrar y proteger la limpieza en medio de la suciedad, así como mantener la tradición de la puerta abierta por encima de todo.

Más o menos para la misma época, llegó al edificio El Sr. Eudes y su familia. Papá y mamá con sus muchachos pequeños se unieron al circo.

Me casé, los rostros oscuros y llenos de sospecha se aclararon y relajaron haciéndome una cara conocida en el bloque. De igual forma llegué a notar la presencia del Sr. Eudes en los alrededores. Creo que nunca pasé el tiempo suficiente para descubrir el proceso, pero la presencia de este hombre callado y taciturno se hacía cada vez más presente. Algo estaba cambiando, algo así como cuando visitas a un amigo con poca frecuencia y cada vez que llegas te encuentras con que los hijos han duplicado su tamaño y habilidades.

Los matorrales de los alrededores iban desapareciendo, cada vez veía más zonas recuperadas, mas pasillos se veían limpios. Un día pasé y en una zona que solo llegué a ver a vendedores de droga y borrachos, había aparecido una cancha múltiple. Llegué cuando la inauguraban y un sonriente Sr. Eudes, era el árbitro del partido de Voleibol entre los muchachos del edificio, una escena que se repetiría por mucho tiempo.

Un día encontré enrejada la entrada y el otrora pasadizo de lagunas de orina se encontraba limpio y reluciente, el tiempo pasó y la presencia del Sr. Eudes inundaba silenciosamente el espíritu de los que querían algo más. La presencia de la Sra. De Eudes, esmerada con la limpieza de las áreas comunes se hacía patente y efectiva.

Se crearon cuentas comunes y hasta administración, cosa difícil en una zona en la cual solo existían parcelas, algunas más parecidas a trincheras que a hogares.

El saneamiento del bloque era y es patente, las navidades se cubrieron de luces y camaradería, la belleza del interior de algunos apartamentos salió al exterior y hasta se hizo contagioso el cambio no solo fue de fachada, también cambio el corazón de la comunidad.

Los muchachos del edificio, en estos últimos 20 años, han crecido, ya muchos tienen sus propios hijos e inclusive permanecen en el bloque. La otrora cancha se convirtió en estacionamiento, estructura que contribuye al bien común, al resguardar los vehículos de los vecinos y hasta ayuda con el mantenimiento de los gastos del mismo edificio. Se han convertido en ejemplo de autogestión.

¿Rivalidades? ¡Claro! ¿Desacuerdos? ¡Por supuesto!!! Pero al final, se han convertido en una Isla en medio de la miseria, porque la miseria no es falta de dinero, es falta de ganas!!!

Hoy sigo siendo un sifrinito con 20 años más, y siempre me es grato llegar a visitar a la familia, a los vecinos, a la buena gente del bloque nunca he intercambiado mucho con el Sr. Eudes, desconozco su religión o parcialidad política, pero puedo dar fe, de que en mi distancia y silencio, es un hombre que admiro, como motor de su comunidad, como Padre y esposo ejemplar, como un verdadero ciudadano de la patria a la cual podemos aspirar.

Es la fuerza de un hombre, un solo hombre que hace lo que tiene que hacer, lo que ha cambiado al bloque y a la comunidad muchos no sabrán en donde comenzó todo yo que desde afuera recuerdo y escribo se los puedo recordar fue el Sr. Eudes y su orgullosa y muy valiosa esposa los que marcaron la diferencia.

Debo reconocer que desconozco su apellido pero no me extrañaría que fuera Clinton, que fuera Mr. Eudes Clinton de La Isabelica.

Dedicado a los Héroes o Eudes que he tenido el honor de conocer y que CNN no ha conocido.


Reinaldo Poleo

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