![]() |
Lunes, 17/Sept/18 1er Día de Clases en Venezuela |
Son las 6:30 de la mañana., el Maps de Google me indica que el tiempo
estimado hasta la oficina es de 39 minutos. La voz, creo que es la misma “Ariane”
de Waze, agrega:
El tráfico es menos denso de lo normal. - Y apenas
estamos a media semana.
Y pensar que cuando comencé a escribir este Blog, aquel lejano 3 de mayo
del 2008, resultaba impensable ir a la oficina a esta hora. Eso significaba no
menos de 2 horas de tráfico.
Me desvío de mi ruta para buscar a una amiga, ya hace tiempo es una
tarea más, buscarla y traerla. La desaparición del transporte público ha hecho
que activemos medidas destinadas a contribuir con los afortunados que aún
tienen trabajo, para que los puedan conservar.
Preservar el trabajo formal es una meta, al menos mientras puedan
llegar, les puedan pagar o simplemente no decidan abandonar sus trabajos para
emigrar o para vegetar a fuerza de “matar tigres”, mientras esperan “bonos
presidenciales” y bolsas de miseria (Bolsas Clap).
Mientras conduzco voy escuchando los titulares que Cesar Miguel Rondón
va narrando en la radio, una de las pocas voces críticas que quedan en el
espacio radial. La soledad de la vía me hace recordar una escena que siempre me
impresionó de una película del 2002, el protagonista despierta de un coma, en un hospital
londinense 28 días después de iniciarse una pandemia. Registra el hospital y
saca de una expendedora de bebidas unas latas y las guarda en una bolsa. Al
salir, Jim (así se
llama el protagonista) descubre que Londres está desierta.
La película fue titulada en
Hispanoamérica como “Exterminio”, en inglés se llamó “28
days later” y hoy a nuestra nueva realidad le llamo “19
años después” …
En el automóvil la conversación se centra en el terrible impacto de las
“últimas medidas económicas” decretadas por el gobierno, el llamado “Paquetazo
de Maduro”, anunciado por él en cadena nacional a mediados del mes de agosto y
cuyas Gacetas Oficiales han ido saliendo a cuentagotas, a esta altura, aún no
existen reglas claras para ser implementadas, lo único claro es el
reconocimiento del gobierno a la hiperinflación.
El legendario viernes “más negro” de los viernes negros, ha dejado en 15
días, negocios y empresas cerradas, desempleo y desaparición de productos de
primera necesidad. En ninguna de las medidas se contemplan acciones destinadas
a restablecer la producción, pero eso es lógico, en el socialismo, producción
implica trabajo y al parecer el verdadero socialista no trabaja, solo consume
los recursos hasta agotarlo, la producción en el socialismo se impone con
criterios esclavistas, después de todo, a China, el gran aliado del gobierno
chavista-madurista, le ha resultado muy bien.
Mientras nos acercamos a la oficina, hago mención de la película en la
medida que veo la soledad de la vía y escucho las noticias, les comento que el
protagonista, luego de una larga caminata por la ciudad, entra a un templo anglicano,
donde se encuentra con unos infectados, entre ellos, un cura religioso, al cual
golpea con su bolsa con latas de refrescos y sale corriendo del mismo, sin
rumbo alguno. De pronto, dos personas encapuchadas aparecen, lanzando cócteles
molotov (escena que hemos visto muchas veces a lo largo de estos años
de represión) y haciendo explotar una estación gasolinera, rescatándolo de los
infectados y llevándolo a su refugio. Los dos desconocidos se quitan las
máscaras y resultan ser dos civiles que sobrevivieron al brote de la infección (pudiera
ser cualquiera de nosotros, los venezolanos no contaminados). Los
dos supervivientes le cuentan cómo la infección empezó a surgir primero en los
campos rurales, poblados, aldeas pequeñas y por último en las zonas urbanas de
todo el país, y explicándole que el bloqueo de las fuerzas armadas nacionales
no funcionó; que no hay Gobierno, ni policía, ni Ejército, y que lo último que
dijeron las radios antes de cesar sus transmisiones fue que hubo reportes de
casos de infección en París y Nueva York, y después ya no se comentó nada.
Y pienso que, en nuestra versión, la infección comenzó cuando un “Por
Ahora” infectó a una parte de la población venezolana por allá en el
año 1992, se convirtió en epidemia en 1999 y comenzó el “Exterminio”, primero
murió la democracia, luego cayó la meritocracia, la justicia y la libertad…
Después llegó el hambre y con ella la desnutrición, murió la salud,
desaparecieron médicos y medicinas, la muerte nunca pudo andar tan tranquila en
la patria de Bolívar. Luego llegó el silencio, cayó la libertad de expresión y
los medios de comunicación se fueron muriendo, los que no caían victimas de
leyes infecciosas, sucumbían al capricho de la enfermedad o simplemente eran
arrebatados, como arrebatados fueron campos y empresas, para ser consumidos y
quedar yermos en fútil existencia.
Al principio unos cuantos decidieron escapar de la peste, con el paso de
los años se fueron sumando más y más, para la fecha de hoy los venezolanos
somos considerados “la plaga que camina
por América Latina”, somos la causa del incremento del sarampión en otras
latitudes, así como el incremento de la delincuencia y la perdida de trabajos
de naturales, después de todo el venezolano honesto es preparado y trabajador,
pero los hay también flojos y acostumbrados al “regalado gubernamental”, al
“echar carro” en la oficina o la rumbita de todos los días y fines de semana,
pero cuando emigras, te tienes que partir el lomo y el que es flojo aquí,
también es flojo allá y eso no es nacionalidad, es personalidad.
En Venezuela quienes no son exterminados, física, moral o
económicamente, evacuan de la nación con más reservas de petróleo probadas en
el mundo. La industria petrolera, otrora buque insignia de la bonanza nacional,
se hunde como las gabarras abandonadas en el Lago de Maracaibo o la gloriosa
flota de Ferrys de la empresa Margariteña Conferry, esta última se va llevando
al fondo a la paradisíaca isla de Margarita, la misma que en otros tiempos fue
punto obligado del turismo nacional e internacional.
Filas de venezolanos a pie, llenan las serpenteantes rutas andinas, ya
varios han perecido en los fríos paramos en su huida. Con pocas ropas al
hombro, en maletas, cajas o bolsas, asemejan hormigas huyendo del hormiguero
inundado, así mismo la selva amazónica se ve invadida de refugiados mientras
los países vecinos piden ayuda o restringen el paso de los “infectados”, su
número les ha desbordado.
“Alerta, alerta, alerta que caminan los hijos de Bolívar desplazados por
América latina” …
Llegamos a la oficina, 4 minutos antes del estimado por Ariane, la chica
del GPS. Abrimos, vamos a trabajar, porque los espacios vacíos tienen que ser
llenados, las necesidades aumentan y los sobrevivientes tratamos de llenarlas,
tratamos de mantener funcionando lo poco que queda a pesar de la voraz razia de
la peste roja.
A diferencia de la película, aún existimos sobrevivientes que
resistimos, soñadores y hacedores que apostamos a una nueva Venezuela,
luchadores que al igual que aquel lejano y vilipendiado personaje, de nuestra
historia, hemos subido al monte Sacro de nuestras conciencias y hemos jurado
lograr la libertad de nuestra noble nación.
Muchos esperan que el problema sea resuelto por los herederos de la
legendaria “Legión Británica” al mando del coronel James Rooke, esos que
han olvidado que esos hombres murieron “Por
la patria que había de darle sepultura” (Palabras del coronel Rooke herido
en la Batalla del Pantano de Vargas). Sin embargo, olvidan que la Legión fue
parte de un cuerpo mayor formado por venezolanos venidos de todas las regiones,
los Centauros de Páez, Los Caribes de Arizmendi, entre tantos otros héroes.
Más de 3 millones de almas se han regado por el mundo, somos una
pandemia tricolor, nunca una arepa en tierra lejana había arrancado tantas
lágrimas.
Hoy, amanecemos con más del 40% del comercio cerrado, después del
absurdo paquete, en un país lleno de viejos y niños porque la juventud se ha
marchado, en donde las ferias artesanales se llenan de madres huérfanas, las
empresas han dejado de tener herederos y el sueño de las juventudes no son
bienes sino vida, podemos ver los estragos del Exterminio Rojo, del Socialismo
del Siglo XXI.
Es difícil hablar de una huelga general en un país que está
prácticamente paralizado.
Los que quedamos, somos la resistencia, la fuerza que lucha día a día en
contra de los zombis comedores de ideas, de sueños.
Estamos rodeados por los insaciables zombis acorralados por la acción de
fuerzas internacionales se ven obligados a la rapiña, tratando de extraer el
jugo de los que quedamos ante su incapacidad de producir. Zombis que entregan
la tierra y los recursos a cambio de “la vida eterna”, protegidos ya no por el
número, sino por su salvajismo, su canibalismo y apoyados por zombis viejos,
sobrevivientes de otras pandemias antiguas y que ven en nuestros recursos y
vidas, alimentos para su propia supervivencia, zombis cubanos, rusos y chinos
tratan de extraer hasta nuestra última gota de sangre esgrimiendo soberanía y
protocolos internacionales.
Aquí estamos…
La resistencia, porque no hay nada mas subversivo que el trabajo
honesto, nada más revolucionario que los sueños, nada más peligroso como los
que emprendemos.
Aquí estamos…
Recorriendo las solitarias calles y avenidas del país que nos vio nacer,
el país que recordamos y del cual conocemos sus potencialidades.
Aquí estamos…
De pie ante el exterminio…
19 años después…
Con la convicción de que mientras nosotros aprendemos a sobrevivir, los zombis
parásitos transitan irremediablemente el camino hacia la extinción… hacia la
inanición y la justicia.
Aquí estamos…
Para todos los que huyeron, porque no hay mejor país que nuestro país. Y
volverán, cargados de experiencias, con otra visión, sedientos de playa,
montañas, llanuras y color.
Volverán al calor del hogar, al abrazo familiar y al “Cambur pintón”.
Aquí estamos…
Con la confianza en Dios y en su nombre de que triunfaremos.
Aquí estamos…
Luchando…
De pie…
Resistiremos y Venceremos…
Comentarios