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Perdóname, Te Amo y Gracias

 

En este instante, cuando faltan apenas minutos para que se cumplan 24 horas del doble terremoto que estremeció a nuestra patria, Venezuela, me tomo un segundo para reflexionar sobre lo acontecido.

Apenas ayer, la mayoría de los venezolanos disfrutábamos del asueto nacional en celebración del 24 de junio, a 205 años de la gesta heroica de la Batalla de Carabobo… Carabobo, donde nació la Venezuela republicana.

A lo mejor ese fue el mayor problema: que todos estuviéramos en casa.

Pocos minutos después de las 6 p. m., una extraña alarma sonaba con insistencia en el celular de mi esposa: un repique desconocido que escuchábamos por primera vez.

Mi esposa, casi con vergüenza, tomó el teléfono, preguntándose qué era aquella alarma. Al leer el mensaje, se sorprendió y me dijo:

-          —Qué raro, dice que ha ocurrido un terremoto cerca de nuestra ubicación.

No fue suficiente para escapar de un piso 12. Los segundos siguientes marcarían un antes y un después en mi existencia.

La cama comenzó a moverse de forma oscilatoria, con mucha fuerza, cada vez con más fuerza. Mi esposa apretaba mis manos mientras se despedía de mí…

-          Perdóname, te amo y gracias.

Ayer mi esposa se despidió de mí. Atrás quedaban las cosas por hacer, los planes, el viaje a Valencia el sábado para visitar a sus padres e ir al bautizo del hijo de mi primo. Atrás quedaban las diligencias que teníamos que hacer el jueves, la piscina de la mañana y mi programa de radio a las 6 a. m. del día siguiente…

-          Perdóname, te amo y gracias.

Las últimas palabras de mi esposa: su última entrega de amor ante la inevitabilidad, ante la inminencia; la despedida después de más de 30 años juntos, al filo de nuestra mortalidad.

Lo demás queda para la historia. El edificio resistió. Rescatamos a mi mamá, quien quedó atrapada en el ascensor durante los terremotos de 7.1 y 7.5, y quien demostró, a sus 80 años, más guáramo que muchos de los que conozco.

-          Perdóname, te amo y gracias.

Las palabras que cientos, tal vez miles de venezolanos, no pudieron decir porque sus vidas se apagaban en ese preciso instante.

Una noche de reels y noticias. Atrás quedaron las burlas por la llegada de los extraterrestres para llevarse al equipo de Brasil en el Mundial de Fútbol, en su combate contra Escocia en Miami.

Una noche en la que muchos no vieron el resultado final del duelo mundialista.

Una noche para la vida. Una noche para la muerte.

Una noche que me dio la oportunidad de más abrazos, que me permitió más besos, más te amo”.

Un amanecer que me permitió sentarme ante el micrófono para llevar información, sosiego y esperanza a aquellos que se quedaron con el perdón, el te amo y las gracias pospuestos para siempre.

Veinticuatro horas después, están llegando los equipos de rescate del mundo entero

Los hospitales se llenan de heridos, las morgues de muertos y, aun así, ocurren los milagros.

Perdónenme por no haber vuelto a escribir, por lo omitido, por las veces que pude hacer algo y no lo hice, por las batallas que no he peleado…

Los amo por leerme, acompañarme, ser mis amigos, mis hermanos, mi familia; por soportarme y aceptarme, porque que a veces no es tan fácil quererme.

Gracias por estar ahí. Gracias porque han sobrevivido. Gracias por el nuevo amanecer, porque saqué a mi mamá del ascensor, porque mi familia y mis amigos están bien. Gracias porque pudimos ver, una vez más, la luz de un nuevo día

Y a mi esposa: perdóname. A veces no te merezco…

Te amo por ser lo más maravilloso que me ha ocurrido…

Gracias… muchas gracias, porque me has hecho la mejor versión de mí.

Que Dios reciba las almas de nuestros hermanos.

Y tú, que me lees, no esperes más para pedir perdón, perdonar, amar y agradecer. Tenemos, una vez más, una nueva oportunidad.

Reinaldo Poleo

25 de junio de 2026

 

P. D. Y ahora que lo pienso… ¿De qué me estaría pidiendo perdón?

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