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Lo Normal Pues, "Lo Normal".

La señora Jacinta vive en una humilde, pero digna vivienda en un barrio de la ciudad de Valencia, el Sr. Pablo, su marido es obrero de la construcción, a pesar de su edad, es muy buscado y querido, es uno de esos venezolanos que han levantado a sus hijos a fuerza de trabajo duro… bueno… a su hijo porque al menor se lo mataron cuando estaba por comenzar la universidad, para robarle el celular.
El Celular que Don Pablo le compró con tanto sacrificio como recompensa por graduarse de bachiller con tan buenas notas. Mataron a Juancho y Venezuela se quedó con un futuro Ingeniero menos.
Lo normal pues, lo normal.
Pablo Jr. el mayor, bueno, ahora el único, está por graduarse de abogado, pero el muchacho le salió inquieto y está empeñado en salir a protestar, el carajito se declara opositor y ahora le dio por “luchar por la libertad”.
Doña Jacinta prepara café, el poco que le queda, porque el café de “el estado”, después de la expropiación, ahora es “Gourmet” y no lo puede pagar ya que el regulad…
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La Hora “0”

El Sr. José es un hombre solitario. Su esposa falleció, los hijos se fueron y le llegó la jubilación. Pero aún no está vencido, todos los días tiene algo que hacer. Su única compañía son sus fieles Poodles.
Los pequeños le despiertan ladrando, es una fría mañana de sábado, 4:30 a.m., los perros vecinos se unen al ladrido… José se incorpora de su cama, pues es muy insistente el ladrido.
Enciende la luz del porche, aún está oscuro. Abre la puerta…
Lo primero que ve es el cañón del arma frente a su rostro.
Todo pasa por su mente, se queda sin aliento mientras que una mano le empuja al interior de su casa… a golpes le doblegan mientras arrancan el cable del teléfono, el mismo que usarán para atarlo, el lazo se cierra en su cuello, cualquier intento de moverse le ahorca. Los delincuentes toman las llaves del auto y lo llenan con todo lo que encuentran de valor, incluyendo lo que encuentran en la alacena y hasta en la nevera. Los perros siguen ladrando, no imaginan la suerte de que aún permanezc…

El Soldado Desconocido

Eran mediados de los años 70, tendría a la sazón entre 10 y 11 años de edad. Una vez más, mi papá realizaba uno de esos viajes maravillosos para llevarnos a conocer algún lugar de nuestra Venezuela.
Como siempre el viaje comenzaba “con la fresca”, de madrugada y buscando a mi Abuela Carmen y a mi Abuelo Poleo, el que “siempre tenía sus zapatos listos a un lado de la cama”. Nos embutíamos los 7, literalmente hablando, dentro del escarabajo Volkswagen modelo 66, y agarrábamos carretera. ¡Imagínense!, viajando sin celulares ni cajeros automáticos. ¡Ah! Y con radio AM.
En menos de lo que canta un gallo tartamudo, llegamos al Campo de Carabobo, ubicado a unos 30 kilómetros al Suroeste de Valencia Estado Carabobo. Debo reconocer que aún a mi edad actual, lo recuerdo imponente, un calor húmedo casi insoportable, cargado del penetrante olor proveniente de la alfombra de mangos caídos de los incontables árboles que rodean al campo.
Nos recibía una ancha avenida la cual era utilizada para realiza…

“Nosotros” la Nueva Clase

Entrarle al amanecer sin radio en el auto se puede convertir en toda una desventura en horas pico, en el metabolismo cotidiano, la información es clave para prevenir o simplemente aceptar la crueldad del destino, al quedar atascado en” la cola”. Además, la entretenida “chachara” entre los locutores con el público madrugador se convierte en una suerte de comunidad mañanera, amenizando con música los reportes del tráfico, noticias, solicitud de canciones, felicitaciones a los cumpleañeros, reclamos de las comunidades, críticas, reclamos de las comunidades, saludos, reclamos de las comunidades… 
En realidad, la vía se acorta dejando en el camino a los duendes malignos que se te pegan a la oreja apenas despiertas, cargándote de angustias y preocupaciones.
Sin embargo, hay momentos en los cuales provoca colocar un CD y despegarte de la decadencia, la cual al parecer, se va multiplicando a diario en nuestra patria Venezuela. Son esos momentos en los cuales puedes percibir el legado de miser…